Una sociedad del mínimo esfuerzo

Es indispensable concientizarnos sobre la necesidad biológica de mantener un estándar de actividad.

El siglo XX se caracterizó por una explosiva innovación tecnológica en los países desarrollados que, además de su elevado consumo interno, se exportó a los países en vías de desarrollo. Televisiones con control remoto, escaleras eléctricas, lavadoras de platos, automóviles, sólo por mencionar algunos ejemplos, se asocian a una vida llena de comodidad. La tecnología había traído mayor confort a la raza humana.

Sin embargo, la biología de nuestro cuerpo está diseñada para que el hombre y la mujer puedan sobrevivir mediante la actividad física, hay una reacción natural en los animales vivos que se conoce como pelear o huir, que se dispara cuando hay sensación de peligro y es una reacción de supervivencia. El cuerpo humano requiere de la actividad física para mantenerse en forma, lo que le da la oportunidad de salvar su vida cuando se siente amenazado.

Pero la comodidad de la vida moderna nos ha ido deteriorando esa capacidad física —que está latente en nuestros genes— y nos hemos convertido en una sociedad que con el mínimo esfuerzo físico consigue lo que quiere. El costo de este mínimo esfuerzo ha sido la aparición de enfermedades que están relacionadas con la inactividad física o sedentarismo, como obesidad, diabetes, hipertensión, entre otras.

En el sedentarismo, los músculos del cuerpo se van relajando progresivamente. Cuando sus fibras ya no están sujetas a la contracción constante, van perdiendo vitalidad y el cerebro al darse cuenta que los músculos no demandan sangre, ni oxígeno, ni nutrimentos para su mantenimiento, la deriva a otros órganos que se mantienen más ocupados y requieren de estos sustratos.

El sedentarismo va debilitando al sistema muscular, porque esa tensión física que da vida a los músculos se va apagando, le va quitando al ser humano la capacidad de ejercer su potencial de supervivencia, similar a la de la cebra que al olfatear a un animal que la va a atacar, corre para ponerse a salvo.

La inactividad física es consecuencia de esa modernidad, conseguir alimento está al alcance de una llamada telefónica o de una visita al supermercado en automóvil, cuando anteriormente requería de caminar grandes distancias hasta encontrar la comida.

En la sociedad actual es indispensable concientizarnos sobre la necesidad biológica de mantener un estándar de actividad física, como lo recomienda la organización Mundial para la Salud: por lo menos 30 minutos diarios para adultos y adultos mayores y 60 minutos para los niños y adolescentes.

* Coordinador Científico de la Fundación Mexicana para la Salud

 

Fuente:

http://www.excelsior.com.mx

 

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