¿Qué impide que las personas se ejerciten?

Además de una alimentación balanceada, está demostrado que el ejercicio físico es esencial para combatir la epidemia de obesidad que actualmente aqueja a la mayor parte del planeta, así como para reducir el riesgo de enfermedades que se derivan de ella, tales como la diabetes tipo II o los padecimientos cardiovasculares.

Texto: Ciudades Activas

Aunque actualmente existen infinidad de clubes deportivos o gimnasios en los que es posible ejercitarse, lo cierto es que la mayoría tiene un costo alto y no es accesible para gran parte de la población. En su caso, los parques, canchas y demás instalaciones públicas constituyen prácticamente la única opción. No obstante, los habitantes de los centros urbanos pueden considerar que estos espacios son peligrosos y, por lo tanto, eviten utilizarlos.

Con esta hipótesis en mente, un equipo conformado por especialistas de la Universidad de Boston y la Escuela de Medicina Monte Sinaí, eligió uno de los barrios de menores recursos en la ciudad de Nueva York, el East Harlem, para determinar, en primer lugar, el nivel de actividad física de los vecinos y, en segundo, los obstáculos que posiblemente podrían impedirles practicarla. Cabe notar que el East Harlem está conformado sobre todo por personas de raza negra y latina, gran parte de las cuales padecen obesidad y diabetes. Más aún, en Estados Unidos la prevalencia de diabetes en ambas razas casi duplica a la de los individuos blancos (11% de negros, 10% de mexicanos y 5% de blancos la padecen), y lo mismo sucede con la obesidad, que afecta más a dichas comunidades raciales que a la blanca

Para su estudio, los investigadores entrevistaron a un total de 300 habitantes de East Harlem mayores de 18 años, de los cuales el 70% tenía sobrepeso o era obeso. Con respecto a sus niveles de actividad física, los expertos se sorprendieron al descubrir que el 80% de los entrevistados sí cumplían con los mínimos de actividad física recomendados, esto es, 2.5 horas a la semana. Según sus reportes, los vecinos acostumbraban caminar bastante todos los días, fundamentalmente por dos razones: la falta de transporte público y el ahorro económico. Además de caminar, el 72% de la muestra realizaba otro tipo de ejercicio como andar en bicicleta (20.6%), practicar algún deporte específico (17.9%), bailar (14.1%), ir al gimnasio (13.4%) y correr (11.7%).

En relación con los obstáculos a la actividad física, 45% de los participantes respondió que el más importante era el cansancio y la falta de energía, 35% refirió que sentía molestias y dolor al practicar ejercicio, 30% que no tenía tiempo, 30% que no le gustaba ejercitarse y 30% que encontraba difícil ponerse activo. Curiosamente, sólo 20% de ellos citó a la inseguridad de su barrio como un obstáculo que los persuadiera de hacer ejercicio. De este modo, las barreras percibidas por los entrevistados eran más de carácter subjetivo y personal, que objetivo y social.

A partir de estos resultados, los expertos concluyeron que una de las mejores estrategias que pueden ponerse en marcha a nivel urbano para coadyuvar en el combate a la obesidad consiste en proveer a vecindarios y colonias de vías y rutas especialmente diseñadas para caminar. Por ejemplo, una “pista” exclusiva para esta actividad puede extenderse desde algún parque hasta la parada del transporte público o algún supermercado. De esa forma, los traslados que normalmente realizan sus habitantes por necesidad, pueden facilitarse e incluso hacerse más atractivos si se integran estas rutas al trazo urbano. Esta medida tiene el potencial, además, de modificar la idea de que la práctica de ejercicio físico requiere un esfuerzo mayor y un gasto excesivo de energía; los vecinos podrían cumplir con los niveles mínimos sugeridos a través de una actividad física que ya realizan todos los días como un hábito: caminar.

 

Fuente: 1. Ashley M. Fox, et.al. Barriers to Physical Activity in East Harlem, New York. Journal of Obesity, 2012. Foto: Erik Falkensteen; fineartamerica.com

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