No hay recetas, pero sí soluciones

Los pasados jueves y viernes se llevó a cabo el Simposio de Balance Energético en la ciudad de Guarujá, Brasil. En este encuentro, expertos de talla internacional en salud analizaron la fisiología del balance energético (la energía que ingresa al cuerpo por los alimentos y la que éste gasta en ejercicios), la conducta alimentaria, la ingestión dietética, el gasto energético y la actividad física para Latinoamérica.

Texto: Manuel Lino para El Economista /

En entrevista telefónica desde Brasil, el mexicano Fernando Lavalle, presidente de la Serie Científica Latinoamericana (institución organizadora del encuentro), comentó que del encuentro se pretende “que los expertos regresen a sus países con ganas de implementar programas que puedan aumentar la actividad física de cada uno de nuestros países”.

Lavalle también espera que simposios como el que se acaba de hacer se “repliquen en toda Latinoamérica”.

—¿Qué tanta posibilidad tienen los asistentes al simposio de generar o incidir en las políticas públicas de sus países?

Tratamos de tener a líderes de opinión y a los principales expertos y líderes en los temas de salud de los diferentes países.

—A veces queda la impresión de que es sólo una cuestión de simplemente hacer más ejercicio…

Es justo lo que vinimos a discutir acá, porque eso no es nada sencillo y no es la única situación. La receta de sólo hacer más ejercicio no le cuadra a todo el mundo, el problema del sobrepeso y obesidad es complejo, cada individuo con sobrepeso es distinto y tiene necesidades distintas. No hay una sola receta que solucione el problema.

Sabemos que 71% de los adultos en México tiene inactividad física. Hay programas exitosos, como el del doctor (Víctor) Matsudo, en la implementación de actividad física que indican que es posible fomentar la actividad física sencilla, es decir, no tengo que entrar a un gimnasio o volverme corredor de maratón o de 5 kilómetros, sino hacer ejercicios sencillos en casa, en el trabajo o cuando me desplazo de uno a otro para quemar calorías extra.

Discutimos cómo es posible implementar este tipo de programas para combatir este problema de salud pública, pero también sobre la ingesta de alimentos y ver cómo podemos modificar los hábitos alimenticios.

En ese sentido, es muy interesante la discusión antropológica sobre cómo era el gasto energético en el pasado y cómo es ahora, que es totalmente distinto, y cómo influye nuestra genética en el sobrepeso y la obesidad.

—¿Se puede decir que en la genética latinoamericana hay, con la forma de vida actual, una propensión al sobrepeso?

Es algo complejo. El mejor ejemplo lo tenemos en la comparación entre los indios tarahumaras de Chihuahua y Sonora con los indios pimas de Arizona.

Vemos que los genes son muy similares porque antes eran poblaciones unidas, pero su expresión es muy distinta, entre los pima, 60% tiene diabetes y 80% tiene obesidad, y entre los tarahumaras, menos de 4% tiene diabetes y la obesidad no debe llegar a 15 por ciento.

Las circunstancias de su medio ambiente y su modo hacen la diferencia, aunque tengan los mismos genes. Los pimas viven en una reservación, tienen tractores y poca actividad física.

—¿En México, cómo está la actividad física en los niños?

El 30% de los niños tiene actividad buena y regular, sin actividad hay alrededor de 40% y el restante 30% tiene poca actividad física.

—¿Cómo nos comparamos con el resto de Latinoamérica?

Las cifras no son muy distintas, en Chile, un estudio de factores de riesgo cardiovascular muestra que 88% de la población adulta es inactiva; en Brasil es 60%; en Argentina, entre el 2000 y el 2006, la inactividad aumentó de 45 a 52 por ciento. Todo indica que seguirá en aumento la inactividad en el continente.

—Volviendo a los niños, ¿qué tantas posibilidades hay en México para revertir esta tendencia a la inactividad?

Yo creo que los lineamientos que salieron de la Secretaría de Salud para mejorar los dispendios escolares (cuya tercera etapa comienza con este regreso a clases) está teniendo resultados. En Nuevo León tenemos el programa Salud Para Aprender (SPA), que lo creó la SEP con la Secretaría de Salud de Nuevo León; ya tienen un catálogo de alimentos específicos para la región y se ha logrado aumentar las horas de activación física, esto es, la que se hace en el lugar donde estemos, no la que implica tener equipo especial y grandes espacios, para que toda la población y todos los escolares la puedan hacer. Los programas tienen ya dos años de estarse implementando y hay muchas otras experiencias en otros estados.

Sí podemos decir que se está activando a la población.

Foto: fbei.wordpress.com

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