Melbourne: recuperando espacios para caminar en ellos

Texto: Manu Fernández para La ciudad viva

Dicen que hay espacios residuales. Espacios que, por una razón o por otra (condiciones físicas, cuestiones de propiedad, coyuntura económica, resultantes de la gestión urbanística,…) parecen no tener ninguna función específica, ningún uso aparente y, en fín, ninguna aportación social como espacio activo. En los “buenos” tiempos (hace no mucho, pero parece una eternidad), la realidad de la euforia constructiva ha hecho que casi no se les haya prestado atención a este tipo de espacios (solares abandonados, lonjas vacías, etc.) o, mejor, que la prioridad por construir no haya prestado atención a las posibilidades que ofrecen esos espacios grises ya existentes que no deberíamos mirar como residuos sino como potenciales activos y dejaría de tener sentido pensar en términos de espacios residuales.

Melbourne es una de las ciudades más reconocidas por su calidad de vida, entre otras cosas por su vibrante vida cultural y la alta calidad de sus espacios públicos y calles, al menos en comparación con la imagen típica del urbanismo de tradición norteamericana y que tanta influencia tiene en Australia. Estuve en la ciudad hace unos meses y una de las cosas que quería explorar eran los callejones del centro de la ciudad. Un artículo descubierto un poco antes del viaje, Off the Grid, Exploring the Sydney Laneway, me puso en la pista de cómo el modelo de activación de los callejones de Melbourne era la inspiración para lo que ahora está haciendo Sydney.

El centro de Melbourne (el Central Business District) tiene una morfología cuadricular que acoge prácticamente en todas las manzanas callejones que unen sus calles principales. Son pasos relativamente estrechos pero, la mayoría, abiertos de un lado al otro, entre edificios de alturas moderadas en la mayor parte de los casos. Estos callejones están condenados, casi en cualquier ciudad, a ser, como decíamos, espacios invisibles a los que no merece la pena prestar atención, de poca actividad, oscuros y de aparente escaso valor social y económico. En el caso de Melbourne, esta estructura de la trama urbana en forma de parrilla ha dado lugar a espacios casi ocultos entre sus calles concebidas como grandes avenidas, pero esos callejones funcionan como articuladores y manifestaciones de diversidad cultural y de usos alternativos más allá del bullicio de las calles principales. Pequeñas tiendas, estudios de arte, cafés, espacios de innovación social, murales, instalaciones de arte urbano,…es lo que puedes encontrar, haciendo de esto una de las señas de identidad de la ciudad al pasear por ella y encontrar tanta vida en una tipología de espacios que normalmente encontramos abandonados y sin un uso definido.

Se trata de una estrategia que empezó en los años ochenta del pasado siglo, con el proyecto de revitalización urbana Postcode 3000 diseñado por Rob Adams, Director de Diseño Urbano de la ciudad, que proyectó, entre otras cosas, la necesidad de poner en valor y reutilizar los edificios y espacios del centro urbano que estaban sin uso por aquel tiempo. Desde entonces, los callejones han ido acogiendo poco a poco pequeños negocios locales mediante la integración de estos usos en el planeamiento, pero también una actividad creciente de acciones artísticas, culturales y comunitarias en torno a ellos. De hecho, el propio ayuntamiento acoge y apoya estas actividades a través del programa anual Laneway Commissions, que busca dinamizar estos espacios a través de actividades temporales pero, sobre todo, facilitando y simplificando trámites para la apertura de actividades fijas o temporales o simplemente, no poniendo trabas ante acciones planificadas o espontáneas que buscan aprovechar estos lugares para algo más que servir como depósitos de contenedores de basura y patios traseros de comercios y restaurantes. Gracias a esto, una parte importante de la trama del centro de la ciudad disfruta de una actividad que, sin esta forma de entender que todo espacio de la ciudad es un activo fundamental, apenas existiría y hace de Melbourne un entorno mucho más vital que buena parte de los centros de las grandes ciudades. Sin grandes procesos de intervención,dejando que las cosas sucedan a pequeña escala, porque hasta las acciones más tácticas pueden tener un fuerte impacto a largo plazo.

Se trata de una experiencia, obviamente, difícil de trasladar a otros contextos; primero, por la propia forma urbana que ha permitido la existencia generalizada de este tipo de espacios, que en otras ciudades es más difícil de encontrar. Es más relevante la lógica que hay detrás de ello: aprovechar, activar al máximo todo lo que sea posible, las capacidades en la ciudad. En este caso, son unos recursos físicos que, sin embargo, posibilitan la expansión de capacidades sociales, de generación de actividad y espacios públicos. Es tan sólo un ejemplo, de los muchos que en todo este tiempo también han aparecido en La Ciudad Viva, sobre cómo poder recuperar y aprovechar al máximo la ciudad, extendiendo esta misma lógica del cuidado y del respeto a cualquier rincón de la ciudad como un potencial catalizador de la calidad de vida.

Manu Fernández es analista urbano en Naider y autor del blog Ciudades a Escala Humana.

Foto: http://thingstodo.viator.com

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