Hola, Superkilen

El parque urbano de BIG en Copenhague.

[ Texto: Christian Mendoza para Código ]

Una de las complejidades contemporáneas del paisaje urbano es la multiplicidad de culturas que pueden concentrarse en una zona. El que ciudadanos de distintos orígenes habiten un mismo espacio no siempre garantiza que tengan una relación de convivencia, lo cual provoca que su entorno carezca de alguna identidad que los distinga. Mucha gente habita zonas específicas de la ciudad sin apropiarse de ellas.

El proyecto del parque Superkilen se puso en marcha en uno de los barrios más diversos de Copenhague, donde viven personas de más de 60 nacionalidades. Lejos de agregarle a este asunto más discusiones políticas, el proyecto propone mejorar la convivencia de los habitantes con arquitectura urbana. Diseñado por el despacho BIG Architects, con arquitectura paisajística del estudio Topotek1 y la participación del colectivo Superflex, Superkilen se presenta como una reinterpretación tanto simbólica como arquitectónica.

Con un kilómetro de extensión, el parque ofrece tres zonas con una atmósfera y una funcionalidad distinta. El espacio rojo es utilizado para deportes y juegos recreativos como el ajedrez. El espacio verde es una exposición cuidadosamente curada en donde cada habitante del barrio entrega una pieza de su país de origen; pueden apreciarse desde máquinas de gimnasia de Estados Unidos, hasta vegetación china y luces de neón rusas. Por ejemplo, un recipiente de vidrio que contenía tierra palestina en uno de los hogares se convirtió en el parque en una pequeña montaña de esa tierra que conmemora territorios perdidos.

El tercer espacio es un circuito dedicado al ciclismo, donde se plantó flora de distintas especies —árboles de maple y de cerezas, palmeras y cedros de Líbano, entre otros— para recrear la pluralidad humana de sus habitantes.

El proyecto rebasa los límites de mera modificación del paisaje al organizar juntas vecinales en las que los lugareños pueden involucrarse en las obras que se emprendan en el parque y dar sugerencias a las tres firmas que encabezan Superkilen. Con este simple gesto, crean enlaces en el mapa sociológico del barrio y lo unen bajo un propósito común.

“Más que una post-racionalización políticamente correcta de ideas preconcebidas y llevadas a cabo a pesar de cualquier potencial resistencia pública, lo que propusimos fue hacer de la participación pública la fuerza conductora del diseño […]. Al transformar el procedimiento en propuestas proactivas, curamos un parque para la gente y por la gente, literalmente”, explica Bjerke Ingels, fundador de BIG.

La arquitectura al servicio de la gente puede seguir siendo una idea vigente. Basta con limpiarla de las demagogias discursivas y pensar en las dificultades contemporáneas. La idea del arte útil puede abrir nuevas brechas reflexivas.

Fotos: Superkilen

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