El ejercicio físico puede cambiar el ADN y reorganizar el cerebro

Un estudio de la Universidad de Princeton (EE.UU) ha concluido que la actividad física reorganiza el cerebro, logrando que su respuesta al estrés se reduzca. Por otro lado, la Universidad de Lund‎, (Suecia) ha publicado una investigación que afirma que el ejercicio, incluso en pequeñas dosis, puede cambiar la expresión innata de nuestro ADN.

Practicar ejercicio regularmente tiene un efecto beneficioso para la salud mental y física incuestionable. Pero estos dos nuevos estudios publicados explican ahora, además, algunas de las razones fisiológicas que subyacen a dicho efecto.

La investigación llevada a cabo por la Universidad de Lund‎, describe en concreto, por primera vez, lo que sucede a nivel epigenético en las células de grasa o células adiposas, cuando se realiza una actividad física. Según una de sus autoras, Charlotte Ling, cuando se realiza ejercicio, “el patrón epigenético de los genes que afectan a la acumulación de grasa en el cuerpo se modifica”.

Las células del cuerpo contienen ADN, que a su vez contiene a los genes. Estos se y no se pueden cambiar. Pero los genes están vinculados a “grupos metilo”, que son los que condicionan la expresión genética. Estos pueden ser influenciados de varias maneras: A través del ejercicio, la dieta o el estilo de vida, según un proceso conocido como “metilación del ADN” y del que se ocupa la epigenética, un campo relativamente nuevo de investigación que en los últimos años ha atraído cada vez más la atención de los especialistas.

En su estudio, los científicos investigaron qué sucedía con los grupos metilo en las células adiposas de 23 hombres con sobrepeso, de unos 35 años, y que no habían participado anteriormente en actividad física alguna, cuando asistían regularmente a clases de aeróbic. Lo hicieron durante un período de seis meses.

Gracias a una tecnología que analiza 480.000 zonas de todo el genoma, se constató que, después del ejercicio, los cambios epigenéticos habían tenido lugar en 7.000 genes (cada persona tiene entre 20.000 y 25.000 mil genes).

A continuación se analizaron específicamente la metilación acaecida en genes vinculados a la diabetes tipo 2 y a la obesidad, y encontraron cambios en ellos. Esto significaría que podría contarse con una herramienta para influir en la función de estos genes de riesgo.

Los investigadores pudieron confirmar sus hallazgos in vitro (estudio de cultivos de células en tubos de ensayo), desactivando ciertos genes y reduciendo así su expresión. Esto dio lugar a cambios en el almacenamiento de grasas en las células adiposas.

En cuanto al estudio elaborado por científicos de la Universidad de Princeton (EEUU), éste reveló que la actividad física reorganiza el cerebro, de tal forma, que su respuesta al estrés se reduce. En consecuencia, es menos probable que la ansiedad interfiera con el funcionamiento corriente de este órgano.

En experimentos realizados con ratones se constató que cuando éstos hacían ejercicio regularmente aumentaba en sus cerebros la actividad de unas neuronas que “frenan” el “encendido” del hipocampo ventral, una región del cerebro vinculada al estrés.  Al mismo tiempo, liberaron más neurotransmisores GABA (ácido gamma-aminobutírico), que también aplacan la excitación neuronal.

Por último, la proteína que encapsula el ácido gamma-aminobutírico en pequeños “paquetes” o vesículas para su liberación en las sinapsis o conexiones entre neuronas, también estuvo presente en mayores cantidades en ratones activos, en comparación con otros ratones que no habían hecho ejercicio.

Desde un punto de vista evolutivo, “la investigación muestra que el cerebro puede ser extremadamente flexible y adaptar sus propios procesos al estilo de vida o al entorno”. Así lo afirmó la autora principal de la investigación, Elizabeth Gould.

En relación a los conocimientos adquiridos con esta investigación, Gould explicó que, hasta ahora, “el impacto de la actividad física sobre el hipocampo ventral no se había explorado a fondo. El establecimiento de las regiones clave para la regulación del estrés puede ayudar a los científicos a comprender y a tratar mejor los trastornos de ansiedad humanos”.

Actividad física,

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