Cómo la planificación urbana puede mejorar la salud pública

Existe una vasta evidencia científica que afirma que la manera en que los lugares están diseñados y construidos sí puede causar graves problemas y complicar la salud de los individuos y poblaciones enteras. La depresión - la de tipo clínico, no la del malestar estético y cultural que envía a la gente de vacaciones, a, por ejemplo, Barcelona - es uno de ellos. Los estudios demuestran que la depresión se correlaciona con la falta de acceso a los espacios verdes, una situación compleja de muchos residentes de zonas urbanas deprimidas, el aislamiento físico de los habitantes de los suburbios, y la inmovilidad forzada de aquellos que no pueden conducir, pero no tienen otra alternativa de transporte.

En cuanto a los automóviles, estos no sólo generan niveles de contaminación capaces de provocar vómitos a las personas por varias horas. También causan lesiones por accidentes y muertes. Por otra parte, las distancias intransitables y la cultura del automóvil fomentan hábitos sedentarios, lo que contribuye a la obesidad, la diabetes y otras enfermedades. Además, preparar el suelo para “plantar” edificios en tierras de cultivo en el límite metropolitano, no sólo disminuye los suministros locales de alimentos y refuerza la agricultura industrial -con implicancias negativas para la nutrición y la conservación de los recursos-, sino que también obliga a los que deben conducir para llegar a sus casas, a necesitar un auto casi para cada miembro del hogar. El costo de estos automóviles ha exacerbado las crecientes tasas de deudas hipotecarias y la pobreza de las zonas marginales, con algunos efectos en cadena como el estrés, el desplazamiento y la falta de vivienda.

La planificación de la ciudad tuvo origen, durante el siglo pasado, al margen de las preocupaciones sobre los problemas de salud generados por los barrios periféricos y las industrias contaminantes. Más tarde, los campos de la salud pública y la planificación se desarrollaron aparte uno del otro. La salud pública adoptó un enfoque más bien biomédico orientado hacia la genética de los individuos, la biología y el comportamiento, y hacia cómo esto podría afectar a los médicos, y en un enfoque estrictamente biológico de la epidemiología y la evidencia. Mientras tanto, el ámbito de la planificación de las zonas edificadas fue secuestrado por los automóviles. Ahora los campos de la planificación de la ciudad y la salud pública -impulsados por la crisis económica, el cambio climático y la tecnología verde, entre otros factores-, están convergiendo nuevamente.

Para cualquiera que piense el Nuevo Urbanismo tiene sentido, las conclusiones de la investigación sobre cómo los entornos construidos afectan la salud puede parecer evidente. Por ejemplo, los estudios han demostrado que los barrios con tiendas, escuelas, bibliotecas, lugares de trabajo y viviendas a poca distancia tienden a apoyar mayores niveles de actividad física y tienen menores tasas de obesidad. El uso del transporte público tiene un efecto similar sobre la actividad y la gordura. La investigación ha indicado que la exposición a la naturaleza puede mejorar el déficit de atención e hiperactividad en los niños, y que las personas con acceso a los parques, hacen más ejercicio.

 

 

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