¿Cómo activar a un planeta que se ejercita poco?

Según las últimas encuestas, 31% de la población mundial no cumple con las recomendaciones mínimas de actividad física. Aunque en ciertos países la práctica de ejercicio discrecional ha aumentado en los últimos años, aquellas actividades relacionadas con el transporte y la ocupación laboral han caído considerablemente. Este fenómeno ha traído consigo graves consecuencias en términos de salud: según recientes investigaciones, entre el 6% y el 10% de las muertes alrededor del planeta pueden atribuirse a enfermedades relacionadas con la falta de ejercicio. Tan sólo en el 2007, entre 5.3 y 5.7 de las muertes pudieron haberse prevenido si las personas fallecidas hubieran hecho más ejercicio. Se trata, por lo tanto, de un problema global que debe considerarse prioritario en el ámbito la salud pública mundial y que, según los especialistas, debe abordarse desde muy diversos aspectos –epidemiológico, conductual, ambiental y cultural, entre otros- con un enfoque multidisciplinario que realmente abarque todas sus áreas.

A pesar de la evidencia que indica los efectos benéficos de la actividad física sobre la salud, generalmente no se le trata como un tema en sí mismo; por lo general se le relaciona con otros como la obesidad o la dieta. Por otra parte, la manera de abordarlo habitualmente se concentra en el aspecto de la conducta individual, es decir, aquellos hábitos que cada persona debería modificar en aras de ser más activo. Por todo esto, un grupo de expertos de The Lancet, la publicación médica más importante del mundo, enfatiza la necesidad de considerar a la actividad física como una prioridad en lo particular y, sobre todo, de tratarla desde un punto de vista sistémico que involucre todos sus aspectos. En sus palabras, “la solución requiere cambios coordinados a nivel individual, social, cultural, ambiental y político, especialmente en los países menos desarrollados.” En efecto, en las naciones con menores ingresos, la creciente urbanización y los cambios en los estilos de vida han afectado los niveles de actividad física en niños, adolescentes y adultos por igual. Tanto la tecnificación como la migración del campo a las ciudades han elevado los índices de sedentarismo en las poblaciones cuya actividad física se derivaba, hasta hace no mucho tiempo, del esfuerzo invertido en el trabajo, las labores domésticas y la transportación.

Del año 2000 a la fecha, sólo dos programas concretos han aparecido en relación con la actividad física en términos mundiales: en el 2004, la World Health Assembly adoptó la estrategia global publicada por la Organización Mundial de la Salud sobre dieta, actividad física y la salud. Posteriormente, en el 2011, las Naciones Unidas emitió un plan para combatir los fenómenos responsables del 63% de las muertes en el planeta cada año, la inactividad física entre ellos. No obstante, aunque ambos esfuerzos han sido importantes como un punto de arranque, resulta fundamental desarrollar e implementar políticas a nivel nacional que involucren no sólo a los gobiernos sino también al sector privado, la sociedad civil y las organizaciones internacionales para lograr acciones genuinamente coordinadas.

“La actividad física no es responsabilidad única del sector salud”, escriben. “Urbanistas, ingenieros, arquitectos, autoridades escolares, administradores de parques, empresarios y medios de comunicación, todos juegan un papel esencial para que cualquier política a favor del ejercicio resulte eficaz.”

En términos internacionales, la primera red regional a favor del ejercicio fue la Red de Actividad Física de las Américas (RAFA), que se conforma por la mayoría de los países del continente americano. A partir de ella, muchas naciones han constituido su propia red nacional, México entre ellas. Otro organismo relevante es el Global Advocacy on Physical Activity (GAPA), fundado en el 2007 para promover la actividad física en el planeta.

Encabezados por el doctor Harold Kohl, el grupo de The Lancet insiste en la necesidad de contar con profesionales capacitados en áreas como medicina, nutrición, psicología, fisioterapia y ciencias de la conducta, así como de empresas encuestadoras serias que recaben la información indispensable sobre el tema de la actividad física en las diferentes poblaciones. Insisten, además, que tales encuestas no deben limitarse sólo a los hábitos de cada persona; también es necesario que contemplen otras tendencias sociales como la educación, recreación, transportación, salud y planeación urbana. “Para que una acción regional o global realmente rinda frutos, es indispensable abarcar el fenómeno de la actividad física desde sus múltiples facetas, en lugar de concentrarse sólo en algunas piezas del rompecabezas, como la conducta individual o la circunstancia ambiental”, enfatizan.

Para concluir su exposición, los autores presentan nueve principios que debería considerar cualquier plan de acción nacional o internacional en aras de elevar los índices de actividad física entre los pobladores:

  1. Adoptar estrategias basadas en evidencias concretas, dirigidas a la población en general y, sobre todo, a los grupos más vulnerables.
  2. Abordar a la inactividad física desde un punto de vista social, ambiental e individual.
  3. En lo que toca a los aspectos conductuales de cada persona, es fundamental fijar una postura que promueva la igualdad social y reduzca la disparidad en el acceso a oportunidades para ejercitarse.
  4. Implementar acciones sustentables en asociación con los niveles locales, regionales y nacionales, así como a través de los diferentes sectores sociales.
  5. Crear un programa de entrenamiento y capacitación para las áreas de investigación, práctica, planeación, evaluación y monitoreo.
  6. Considerar las necesidades particulares de niños, familias, adultos y personas de la tercera edad y discapacitadas, así como escenarios específicos como oficinas o centros escolares.
  7. Formular campañas de concientización para que los líderes políticos y empresariales, así como la comunidad en general, se comprometan con la causa del ejercicio físico.
  8. Asegurarse que cualquier programa se haga a medida de las diversas realidades sociales, culturales y económicas de cada contexto y, al mismo tiempo, sea lo suficientemente flexible como para adaptarse a nuevos cambios.
  9. Promover la idea de que la actividad física no es sólo la mejor elección sino también la más fácil.

 

Fuentes:

 

1. PC Hallal, et.al. Global physical activity levels: surveillance progress, pitfalls, and prospects. The Lancet, julio 2012.

http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(12)60646-1

2. I. M. Lee, et. al. Effect of physical inactivity on major non­communicable diseases worldwide: an analysis of burden of disease and life expectancy. The Lancet, julio 2012.

http://dx.doi.org/10.1016/S0140­6736(12)61031­9

1. Harold W Kohl, et.al. The pandemic of physical inactivity: global action for public health. The Lancet 18 julio 2012. http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(12)60898-8

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